Posiblemente sea por ese ideal romántico del que no quiero desprenderme, pero la idea de libertad de pensamiento recorrió mis entrañas el pasado martes. Explicaré el porqué:
asisto por quinto, y espero último, año a una universidad católica. No porque yo comparta este sentimiento, sino porque mi nota de selectividad no fue la suficiente para entrar en una pública. Hasta ahora jamás había renegado de estar aquí, es más alguna vez he bendecido mi escaso aprobado.
Pero el martes hemos tenido que presenciar un "evento organizado por una organización empresarial al que asisten periodistas y se les muestran las virtudes de ésta para que después hablen bien en sus medios de comunicación". La organización: la conferencia episcopal española. Los periodistas: los alumnos de quinto de una facultad de comunicación. La mayoría del público estabamos allí por obligación.
¿Aún la Iglesia no se quiere dar cuenta de que su papel en la sociedad es cada vez más inexistente, que necesitan obligar a 100 alumnos a que vayan a su conferencia porque de otra menera no lo harían?
Mi indignación se dirige sobre todo a la universidad, a esa supuesta comunidad de seres humanos libres que eligen una carrera porque creen en unos principios, una ética y una deontología, que en esta ocasión no se han respetado, por lo menos desde mi humilde opinión.
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a vosotros os obligan a asistir a esos eventos, a nosotros nos niegan la apostasia... la iglesia hara lo que sea por mantener el poder y el dinero que le brindamos nosotros tiempo atras
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