martes, 29 de diciembre de 2009

Tormentas

Son peores las riadas cuando son por dentro. Cuando tus pensamientos hacen que el corazón se acelere y los ojos escuezan.
Mientras fuera llueve y una gotera inunda mi salón, miro por la ventana pensando que quizás no sea yo quien me equivoque, sino que has sido tú. Tú, por no estar mirándome bajo la lluvia, por no contestar a mi llamada, por dejarme marchar…
Pero yo no voy a ser quien te haga ver que esto no es una guerra.

martes, 22 de diciembre de 2009

jueves, 3 de diciembre de 2009

¿El cuerpo de Cristo?... No, gracias

Posiblemente sea por ese ideal romántico del que no quiero desprenderme, pero la idea de libertad de pensamiento recorrió mis entrañas el pasado martes. Explicaré el porqué:
asisto por quinto, y espero último, año a una universidad católica. No porque yo comparta este sentimiento, sino porque mi nota de selectividad no fue la suficiente para entrar en una pública. Hasta ahora jamás había renegado de estar aquí, es más alguna vez he bendecido mi escaso aprobado.
Pero el martes hemos tenido que presenciar un "evento organizado por una organización empresarial al que asisten periodistas y se les muestran las virtudes de ésta para que después hablen bien en sus medios de comunicación". La organización: la conferencia episcopal española. Los periodistas: los alumnos de quinto de una facultad de comunicación. La mayoría del público estabamos allí por obligación.
¿Aún la Iglesia no se quiere dar cuenta de que su papel en la sociedad es cada vez más inexistente, que necesitan obligar a 100 alumnos a que vayan a su conferencia porque de otra menera no lo harían?
Mi indignación se dirige sobre todo a la universidad, a esa supuesta comunidad de seres humanos libres que eligen una carrera porque creen en unos principios, una ética y una deontología, que en esta ocasión no se han respetado, por lo menos desde mi humilde opinión.

domingo, 29 de noviembre de 2009

Gafas azules

Creo un blog, me hago bloguera, por envidia. Por la envidia sana que provooca ver lo que otros hacen, lo que a otros se les da bien. Vomitar aquello que pasa por tu mente transformándolo en unos y ceros y que alguien detrás de una pantalla pueda leerlo, sin conocerte, sin pararse a pensar en si eso es cierto o es la simple imaginación de alguien, que como yo, sueña más que vive.
Quiero convertirme en una de esas personas que se esconden tras unas grandes gafas y que los demás lo observan sabiendo que guarda algo interesante, una vida paralela que nadie conoce y que quizás se asustarían si la llegasen a descubrir.
Hasta que eso ocurra, me conformo con esconderme tras unas pequeñas gafas azules que sólo me descodifican letras y caras lejanas y que me dan ese aire de secretaria cachonda.